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Colin Powell en Vietnam

Cuando Colin Powell era un joven oficial de infantería, sirvió en Frankfurt, Alemania. Un día su pelotón fue asignado para custidiar un cañón atómico de 280 milímetros. Powell alertó a sus hombres, cargó su pistola calibre 45 y saltó dentro de su jeep. Después de un pequeño recorrido, se percató que ya no tenía su pistola 45. Sabiendo muy bien que la pérdida de un arma era considerada un asunto serio, llamó de mala gana por radio a su capitán Tom Miller.



Cuando Powell regresó, el capitán Miller le dijo: “Tengo algo para usted”, y le entregó a Powell su pistola. Le dijo: “Algunos niños del barrio la encontraron donde se le cayó de su cartuchera”. Powell sintió un escalofrío. ¿La habían encontrado niños? “Sí”; continuó Miller, por suerte solamente dieron una vuelta antes de oír nosotros el tiro y quitarles la pistola. Miller concluyó: “Por el amor de Dios, hijo, no permitas que esto ocurra otra vez”.



Powell revisó más tarde su pistola y comprobó que no había sido disparada. La había perdido dentro de su tienda de campaña. Miller había urdido esa historia para darle un susto.



Powell concluyó su relato: “Su ejemplo de liderazgo inteligente no se perdió en mí. Nadie llegó jamás a la cima sin resbalar. Cuando alguien tropieza, no creo que hay que pisarlo fuerte. Mi filosofía es: Levántalo, sacúdele el polvo y ponlo nuevamente en carrera”.



El hombre que no se equivoca,

generalmente no hace nada.











Hola amigos,

Tenemos que equivocarnos para aprender. Lo hecho, hecho está y en vez de castigarnos a nosotros mismos debemos preguntarnos ¿Qué es lo he aprendido de esta experiencia?



Los errores nos llevarán a una nueva forma de hacer las cosas, las repetiremos para mejorarlas o pensaremos en qué hemos fallado y aprender más de nosotros mismos y de la vida.



Aunque los errores son difíciles de reparar pues la mayoría tienen consecuencias, siempre sacas beneficios de ellos, mi madre solía buscar el aprendizaje en todo:



- ¿Qué aprendiste cuando has tirado el vaso de leche?

- Que cuando alguna cosa se ensucia tienes que limpiarlo y que no me gusta limpiar mamá - Respondía yo.

- ¿Has visto? Ahora ya sabes algo más que otros niños que nunca hayan tirado la leche.



Hoy en día con mi hijo continúo el mismo patrón que mi madre:



- Mamá ayúdame a recortar este dibujo.

- No cariño yo te digo cómo coger las tijeritas y cómo mejorar, pero tienes que hacerlo tú solito.

- Si no te sale bien, volveremos a intentarlo, no pasa nada cielo.



Amigos, hay veces que no nos damos cuenta de que donde existen realmente lecciones es en los errores o fracasos. Es más, yo diría que errar o fracasar no es solo bueno sino necesario para madurar y aprender.





El camino al éxito está lleno de cientos de fracasos de los que tenemos que aprender.



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Josefa2010-03-09 09:54:24
Tiene mucha razón.
Gracias x todos los ánimos q da para avanzar en nuestra vida.
Tu mamá era muy sabia.


Mª del Mar Trejo Morales2010-03-09 11:18:46
jajajaa mi madre gracias a Dios, ES muy sabia pues continúa viva!! jajajaaa, viejita pero goza de buena salud.

La verdad amiga es que siempre recibo muy buenos valores de ella, he tenido mucha suerte de tenerla a mi lado, al igual que a mi padre. Soy muy afortunada por el aprendizaje recibido.

Gracias Josefa por entrar aquí.

Un abrazo!!



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